“Aceptarnos y valorarnos no es reconocer nuestras virtudes, si no, y, sobre todo, aceptar y valorar nuestros defectos”
Denise Behrens Cervoni
MS SLP CCC *
El Dr. Scott Yaruss, Patólogo del Habla y del Lenguaje, propone una máxima útil en cualquier área de actividades personales, académicas o profesionales: “para saber dónde terminar, usted debe saber por dónde quiere empezar”
Cuando tenemos un hijo con alguna patología de la comunicación, usualmente las personas alrededor nos confortan: “no te preocupes, el tío Juan tenía lo mismo y lo superó” o “lo que pasa es que es muy pequeño, dale tiempo que ya le pasará!” Aceptamos los comentarios porque deseamos que lo que nos llama la atención “desaparezca”, pero empiezan a pasar los días y todo sigue igual. Consultamos al pediatra, quien nos refiere a un especialista en trastornos de la comunicación, pero seguimos pensando que “mi hijo no tiene nada” y seguimos esperando.
¡Qué difícil es aceptar que nuestro hijo se sale de la norma, que podría tener un problema!
Los especialistas en las diferentes áreas de la salud, acompañamos a los padres, niños, adolescentes o adultos en el proceso de aceptar y reconocer que algunos no cumplen con las expectativas esperadas y los empoderamos de las estrategias que los hacen dueños de sus decisiones y emprendimientos.
En el diccionario la palabra “aceptar” tiene varios sinónimos o acepciones: admitir, aprobar, confortar, confesar, recibir voluntariamente algo que se le ofrece o propone. Pero cuando buscamos la palabra “reconocer”, vemos como la misma se usa casi como un sinónimo de “aceptar” (RAE).
En el proceso de apoyar a los padres de un niño con algún retardo o alteración en sus habilidades de comunicación, les enseñamos a “reconocerlo”: “Uno de los usos más recurrentes del término, indica que reconocer implica distinguir de los demás. Ya sea una persona o cosa, por los rasgos y características más sobresalientes con las que cuenta” (Definición ABC)
Desde niños empezamos a desarrollar la habilidad de adaptarnos a las personas y situaciones que nos rodean, a tener Flexibilidad Cognitiva, esta es una de las Funciones Ejecutivas básicas para nuestro desarrollo como personas felices y productivas. Sin embargo, tenemos la tendencia a ignorar lo que nos causa malestar o lo que no conocemos. Cuando nuestros sentimientos y emociones más profundas (amor por los hijos) se ven amenazadas, entramos en conflicto con nosotros mismos (auto diálogo) llegando a sabotearnos, a desestimar nuestras percepciones sobre esos eventos que nos afectan.
Es la intención y labor de los especialistas en el área de la salud, apoyar a los padres en el reconocimiento de las características particulares de su hijo, para que ellos puedan efectiva y oportunamente estimular el desarrollo del lenguaje y la adquisición del habla de sus hijos.
En la medida que los adultos significantes (padres, abuelos, tíos, otro) van reconociendo estas características, empiezan a aceptar al niño tal como es y obtienen el conocimiento para hacer “algo” con relación a las situaciones particulares que les acontece, es decir, se “empoderan” y son capaces de ofrecer a sus hijos, nietos, sobrinos, las herramientas necesarias para su desarrollo óptimo y, por ende, para defenderse solos.
Los padres o adultos significantes, inevitablemente, nos cuestionamos acerca de lo que hacemos o dejamos de hacer por el bienestar de nuestros hijos. En nuestro inmenso deseo de hacer feliz a nuestros niños, sentimos que nos equivocamos muchas veces y a veces es verdad, ¡pero no todas las veces!
“Si yo hubiera sabido” es una frase que oímos con frecuencia. Olvidamos que los seres humanos nacemos con características genéticas únicas, de carácter, de temperamento; que desarrollamos personalidades y conductas influenciadas interna y externamente por múltiples factores; que no podemos proteger a nuestros hijos de todo, que somos seres humanos con cualidades y defectos.
La culpa en ocasiones nos puede paralizar.
Los padres no tenemos “la culpa” de “todo” lo que les acontece a nuestros hijos, pero si tenemos la responsabilidad de asumir, de reconocer los nuestros y los defectos de nuestros hijos y es en ese océano de posibilidades que los podemos ayudar.
Es común en nuestras consultas que los padres nos pregunten acerca del problema que tiene su hijo y cuando les damos las respuestas, suspiran y se reconfortan: “Menos mal” que no es porque yo dije, hice o dejé de hacer esto o aquello.
Incentivamos el desarrollo adecuado de los niños de muchas maneras y una de ellas es “ponerse de acuerdo”. Los adultos significantes dentro y fuera del hogar, deben establecer objetivos comunes, normas claras, que les den las bases de estabilidad y seguridad sobre las cuales los niños puedan desarrollarse. Los niños saben cuándo los adultos a su alrededor no comparten ideas o exigen de ellos conductas de forma unilateral y, obviamente, manipulan las situaciones a su antojo.
Es nuestro compromiso, el de los adultos significantes, capacitarnos desde nuestros roles individuales para aceptar, reconocer y empoderar a nuestros niños para hacer de ellos personas felices y útiles a sí mismos y a la sociedad.
¿Qué es lo que queremos para nuestros hijos?
Queremos básicamente que se quieran a sí mismos y que sean felices. Así, pues, su felicidad empieza en el amor práctico (no solo en las palabras, sino en los hechos) de sus padres, en aceptarse a sí mismos con sus defectos y cualidades y fortalecerse en los obstáculos superados a lo largo del camino.
Bibliografía
https://www.wordreference.com/definicion/reconocimiento
https://definicion.de/reconocimiento/
https://neurorhb.com/blog-dano-cerebral/que-son-las-funciones-ejecutivas/
