Denise Behrens Cervoni
Patólogo del Habla y del Lenguaje
Las razones por las cuales el niño “no habla” a la edad esperada son diversas, desde las más leves hasta las más severas. Felizmente, cuando los niños no llenan las expectativas del habla y del lenguaje a la edad esperada, la mayoría de las veces las causas son concretas. Los niños aprenden a través de los sentidos, cuando un niño no se siente bien con su cuerpo, su atención se dirige a lo que lo molesta: estómago, articulaciones, etc. Mal puede el niño atender a los estímulos del lenguaje, y mucho menos procesar esa información, cuando no está bien consigo mismo.
Tradicionalmente, se hablaba de una etapa pre-lingüística y luego de la adquisición del habla y del desarrollo del lenguaje. Actualmente, hablamos de una etapa temprana y una tardía. Este enfoque se basa en el hecho de que durante la gestación el feto empieza recibir la estimulación del habla y del lenguaje a través de las voces de sus padres y del entorno que lo rodea. La audición es uno de los órganos más sofisticados del cuerpo humano. Así, para el momento del nacimiento ya el neonato tiene 9 meses de estimulación y paulatinamente ha adquirido las cualidades de tono, timbre y duración de la voz de la madre.
Ya que la mayoría de los niños adquieren los primeros sonidos del habla desde los primeros 3 meses de vida, cuando un niño de 1 año de nacido no dice palabras, se prende una alarma entre los padres, abuelos y demás miembros cercanos de la familia, y recurren, usualmente, al pediatra, quien los orienta acerca de las etapas del desarrollo del lenguaje del niño y si sospecha alguna desviación, lo refiere al terapista del lenguaje para una evaluación especializada.
Para la mayoría de las personas, el hecho de que el niño “no habla” significa que no identifica con palabras a las personas, mascotas u objetos de su entorno inmediato, ej., “mamá, papá, abu, guau-guau”; sin embargo, muchos niños dicen muchas “palabras” que no se entienden, a esto le llamamos “jerga”.
La jerga tiene dos características: melódica y amelódica o monótona. La jerga melódica es aquella que producen los niños como si estuvieran “conversando”, usando las entonaciones adecuadas al contexto: preguntas, exclamaciones, negaciones o afirmaciones, hablan y hablan, pero no se les entiende nada o casi nada. Esto se oye cuando el niño se dirige a sus interlocutores o cuando juega. Esta jerga melódica nos indica que el niño está desarrollando lenguaje normalmente, pero no está adquiriendo a la misma velocidad las habilidades del habla necesarias para hacerse inteligible.
Por el contrario, la jerga amelódica o monótona no tiene características de “conversación”, el niño produce sonidos, sílabas o palabras ininteligibles, cuando está solo o cuando dirige su atención hacia un objeto o actividad. No existe en el niño la intención de comunicarse; esto nos indica que puede estar presentándose un trastorno en el desarrollo del lenguaje.
El segundo elemento importante cuando un niño “no habla” es reconocer si tiene o no la intención de la comunicación.
Las intenciones de comunicación se empiezan a desarrollar en el niño durante los primeros 6 meses de vida. El bebé empieza a alternar la mirada, usualmente cuando la mamá lo está amamantando, y entre los 9 y 12 meses se produce uno de los cambios fundamentales: atención conjunta, así como señalar con el dedo cuando quiere algo y la aparición de las primeras palabras. La intención de comunicación y de expresión verbal se adquieren en la medida en que el niño siente la necesidad de “hablar”. Si el niño no necesita hablar porque obtiene lo que quiere solo con “mirar” a sus adultos significantes, ese niño no es autista, es que no necesita hablar. En la medida en la que el niño siente la necesidad de comunicarse y el medio ambiente (padres, abuelos, maestros) le ofrecen un ambiente estimulante, adecuado a sus necesidades individuales, el niño va desarrollando el lenguaje y adquiriendo las habilidades del habla.
Y esto nos lleva al tercer y último elemento que queremos señalar: la mirada. Es imposible describir científicamente lo que transmite la mirada de un ser humano. La riqueza de la expresión en la mirada de un niño nos transporta a nuestros sentimientos más profundos, a nuestras memorias más dulces. Bien se dice que “los ojos son los espejos del alma”. El niño lo dice todo con la mirada, es transparente, no oculta nada. Desde los primeros meses de nacido, el bebé busca con la mirada a su mamá, a su papá y poco a poco descubre el poder de su mirada. Cuando el niño “habla con la mirada” se está comunicando.
El proceso de la comunicación en los seres humanos es complejo y depende, entre otros, de una base neurofisiológica adecuada, tanto así que, en los primeros años de vida, más de un millón de nuevas conexiones neuronales se forman cada segundo. Después de este período de rápida proliferación, las conexiones se reducen a través de un proceso llamado poda, que permite que los circuitos cerebrales se vuelvan más eficientes.
Las diferencias individuales son tantas, como individuos hay. En una misma familia, dos hijos, con un año de diferencia, pueden presentar patrones de desarrollo del lenguaje totalmente diferentes, aun teniendo la misma estimulación. No hay recetas para empezar a “hablar”, pero las mamás “saben” y cuando el niño no se está comunicando verbal e inteligiblemente, deben recurrir a la ayuda especializada.
Referencias
Serrano Ortiz Jessica (2012) Desarrollo de la teoría de la mente, lenguaje y las funciones ejecutivas en niños de 4 a 12 a, Tesis Doctoral, Universidad de Girona, PROGRAMA DE DOCTORAT EN CIÈNCIES SOCIALS, DE L’EDUCACIÓ I DE LA SALUT
Visto en https://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/123549/tjso.pdf?sequence=5, recuperado 27.11.18, 7:00 pm
Brain Architecture Center of the Developing Child, Harvard University
Visto en https://developingchild.harvard.edu/science/key-concepts/brain-architecture/ recuperado 02.02.19, 10:00pm
